sábado, abril 26, 2008

Árboles emblemáticos

Hace unos días oí hablar de dos árboles muy atrayentes, el Roblón de Estalaya, en la provincia de Palencia, conocido como "El abuelo" por su longevidad, unos seiscientos o setecientos años se le estiman –aunque los hay mucho más viejos aún por la piel de toro-, y el Roble-Pino de Canicosa, en la provincia de Burgos, un caso muy curioso de unión entre un pino y un roble.


Roblón de Estalaya Roble-pino de Canicosa


Gracias a ello, me propuse indagar un poco más sobre estos maravillosos seres vivos, tan sagrados para ciertos pueblos de la antigüedad de los que tanto deberíamos aprender, y descubrí que a finales del año pasado se celebró, a cargo de la organización Bosques sin Fronteras, la 1ª edición del Premio Árbol y Bosque del Año. Me resultaron muy curiosos los árboles premiados, alguno de los cuales conocía de oídas como el Olmo de Nuevo Baztán y, por supuesto, el Ciprés de Silos. Tan plausible me pareció un certamen de este tipo, que creí oportuno hacer una mención en este humilde lugar. Luego una cosa lleva a la otra y navegando por la red, cual Odiseo por el Mediterráneo, descubrí la obra de la ingeniera forestal Susana Domínguez Lerena y el naturalista y fotógrafo Ezequiel Martínez. Ésta se encuentra disponible en la red y recoge los cien árboles, a juicio de sus autores, más emblemáticos y singulares en territorio español. Algún día, movidos por nuestra vocación iberista, nos gustaría mostrar, de igual forma, nuestros respetos por los árboles emblemáticos portugueses y hacer alguna reseña a los mismos por estos lares.

Ahí os ponemos el enlace a esta obra:

ÁRBOLES, LEYENDAS VIVAS


Y ahí teneis un estupendo documental que fue emitido en TVE donde se habla de esta obra. La informática no me ha permitido poner directamente en esta página la aplicación de video, me da error el código, así que ahí os pongo el enlace al lugar donde se encuentra:

Documental Árboles, leyendas vivas

Está muy bien conocer ciertos elementos culturales de lugares exóticos, como el lejano oriente, y saber de sus horóscopos ancestrales, en los que dependiendo de la época del año que hayamos nacido tenemos un animal u otro asignados, pero ¿qué sabemos, por ejemplo, del horóscopo celta?...yo diría que bastante poco, siendo un pueblo que dejó su huella en nuestra Península Ibérica. Así, en una entrada como ésta de este blog, no podía faltar una mención al horóscopo celta, donde cada uno de nosotros, dependiendo del mes en el que hayamos nacido, nos corresponde un árbol u otro. No sabemos en que grado se asemeja o no esta asignación a lo que pudo ser, pero sí, a modo de anecdotario, diremos que a los nacidos en el mes de marzo les correspondería el manzano -con su fruto tan sagrado para este pueblo-, a los nacidos en abril el álamo, en mayo el avellano, en junio el ciprés o el tejo -éstos tienen donde elegir-, en julio el pino, en agosto el roble -uno de los árboles más sagrados tanto para celtas como demás pueblos de la Antigüedad-, en septiembre el cedro, en octubre la higuera, en noviembre el abedul, en diciembre el melocotonero, en enero el serbal y en febrero el sauce. Como digo, no sé hasta que punto se puede dar veracidad a esta confección sistemática, hecha por 'filoceltas' del S. XX, como un horóscopo común a todas las etnias célticas, pues los que llegaron a las latitudes mediterráneas se encontrarían con las higueras y sus deliciosos frutos, pero ésto ya sería bastante más difícil para los más norteños -sin querer dejar con todo ello en la orfandad arborea a los nacidos en el mes de octubre, lo que no es mi intención-. Pero con todo esto y más, y tal y como he dicho, no podía pasar esta ocasión para citar este horóscopo sacado de una obra, quizás no muy científica, pero sí muy entrañable y escrita desde el corazón titulada "Los celtas" de Manuel Yáñez Solana. Como buen druida que educa a los menores, se lo sugeriría como lectura a los niños y no tan niños, son muchas las enseñanzas que podemos sacar de un pueblo como ése.





















I EDICIÓN DEL PREMIO ÁRBOL Y BOSQUE DEL AÑO

Árbol Gigante: CASTAÑO CAN CUCH de Cánoves
Este castaño ('Castanea sativa') de Barcelona tiene 12 metros de perímetro de tronco y 16 metros de altura. En el interior de su tronco, hueco por el paso de los años, vivió durante los años 60 un carbonero, con su cama, cocina y chimenea.






























Árbol longevo: ENCINA DE MENDAZA.
Conocida como la encina de las Tres Patas, este árbol navarro tiene entre 1.000 y 2.000 años.



























Bosque cuidado: HAYERO DE CIÑERA
Localizado en León, el 'faedo' o 'hayero' de Ciñera es un hayedo muy bien conservado. El máximo exponente es el Haya de Ciñera, con 6.32 metros de perímetro, y 500 años.















Árbol emblemático: OLMO DE NUEVO BAZTÁN
Es uno de los escasos ejemplares vivos de una especie castigada por la plaga de la grafiosis, que ha acabado con los olmos en España. Plantado en el siglo XVIII, es un emblema de esta localidad madrileña.




Bosque amenazado: A FERVENZA
El bosque de A Fervenza, en Lugo, está formado por varias especies de robles y vegetación de ribera. A orillas del Miño, tiene numerosas lagunas. Diversas talas lo han amenazado en los últimos años.




Árbol histórico: CIPRÉS DE SILOS
El Monasterio de Santo Domingo de Silos, en Burgos, alberga este árbol centenario que ha sido inspiración de poetas.



Mención especial: MARGARITA BURÓN BARRIO
El jurado destacó la labor de Margarita Burón Barrio, ingeniera forestal experta en conservación de olmos, que falleció en mayo de 2007 en un accidente de tráfico mientras colaboraba en proyectos ambientales en Etiopía.



P.D. Aprovechando esta entrada, y ya que estamos con premios de por medio, quería hacer una mención muy especial al Premio que ha recibido este sitio web, otorgado por parte de Abraham López Moreno, el creador de páginas de tan fabuloso contenido como Panorámica Cazorlense o Jaén, bella ciudad de Luz.
Supone todo un honor ser uno de los premiados en la I Entrega de Premios Dardo 2008 y sobre todo si el reconocimiento viene por parte de un ilustre creador de la red, y difusor ante el mundo de uno de los rincones más bellos de la Península Ibérica, como es Abraham López Moreno. No sé si lo mereceremos o no, las ocupaciones que tan poco tiempo nos dejan a casi todos y la cuota de responsabilidad, o mejor dicho, de irresponsabilidad que me corresponde –siempre se puede hacer mucho más por mantener más vivo un sitio- seguramente indiquen que no somos merecedores de tal honor, aunque tampoco soy quién para contradecir a Abraham, ni pizca de gana que tengo de hacerlo, por supuesto. Así que, recibimos muy gustosamente tu premio otorgado, Abraham.




¡Salve amigos!, a ver si nos vemos pronto

viernes, marzo 07, 2008

La sierra de Ayllón camino de Tejera Negra

Muchas veces un destino te conduce a otros. Más bien siempre. El propio viaje en sí, con un objetivo determinado, puede llevar implícitos otros muchos lugares con los que no se contaba. Por muy metódico que uno sea, cual no es el caso para el que esto escribe, el viaje es en sí una aventura y, como tal, siempre puede deparar agradables sorpresas -qué comentar sobre ello que no esté dicho, la aventura es el gran deleite del viaje-, aunque, como advirtieron a Azorín mientras buscaba al hidalgo por La Mancha, "en todo viaje hay una legua de mal camino", por suerte, no fue nuestro caso. Con este preámbulo parece que los argantonios hubieran puesto rumbo en busca de saberes ocultos al mismísimo delta del Ganges, pero no, nos conformamos, y bien conformados, con una visita a la comarca de la Sierra de Ayllón de la parte de Guadalajara, en concreto en el noroeste de dicha provincia, una de nuestras predilectas, con mucho que descubrir y de la que ya hemos dado alguna pincelada por aquí. Una suerte tenerla tan cercana. Andar por buena parte de las provincias, por ejemplo, de Guadalajara y Soria, entre otra tantas, es andar, como bien titulamos por aquí, por tierras fronterizas de siglos pasados donde el recuerdo de aquellos tiempos del medievo, y aún mucho más remotos, quedan manifiestos en casi todos sus rincones, tanto en localidades como en recónditos parajes.















Nuestro destino más específico, dentro de esta comarca, fue el Parque Natural de Tejera Negra, pero si se viaja con un gps y se elige la opción de seguir el camino más corto, aparte de perderte por alguna pista no asfaltada, puedes descubrir rincones de singular belleza con los que no contabas en un principio. Ésa fue nuestra gran suerte. Hubo momentos en los que el camino nos absorbió de tal manera que, más bien, comprendimos que el destino comenzó a lograrse desde el momento en que el hormigón quedó atrás, aunque aún faltaran bastantes kilómetros para llegar a Tejera Negra. El camino de inicio era bien conocido, había que tomar la N-I y desviarse en Torrelaguna para pasar junto a Patones y desde ahí antes de llegar a El Atazar, internarse en la provincia de Guadalajara, precisamente una ruta ya descrita no hace mucho en nuestra visita a la cueva del Reguerillo. Pero justo fuera del área metropolitana madrileña, decidimos continuar por un camino alternativo, paralelo a la carretera nacional, que nos llevaría hasta las cercanías de Torrelaguna y disfrutar así de vistas distintas, donde, a pesar de numerosas urbanizaciones, de las que llaman residenciales, por la proximidad de la gran urbe, ya se veían las siluetas de las sierras y pequeños, aunque sugerentes, sotos a lo largo del valle del río Jarama, uno de los grandes protagonistas en nuestra escapada de aquel día.

Nada más poner pie -o rueda- en la provincia de Guadalajara, todo lo que fuimos contemplando, tanto campos como pueblos, eran nuevos para nosotros. Tras cruzar por Valdepeñas de la Sierra, tomamos una pista de tierra junto al campo santo de la localidad que cruzaba por el valle de un arroyo de bonitos paisajes y salimos a una carretera que nos llevó hasta el pueblo de Tortuero. Por todos estos campos te podías encontrar con muchos cazadores, la temporada, por lo visto, había comenzado y, en un bar del pueblo, ahí había un grupito congregado.














Tortuero

Es bien conocida por muchos la Reserva Nacional de Caza de Sonsaz, que abarca un territorio bastante extenso, dentro del cual se encuentra Tejera Negra. No simpatizo demasiado con esta afición, y aunque sé, que como especie, somos un animal cazador, no entiendo que tan cerca de los propios límites del Parque Natural también se cace, aunque sea en fechas concretas. La Reserva de Caza , como he dicho, es muy amplia, y Tejera Negra sólo ocupa una parte de la misma, pero pudimos ver cazadores muy cercanos al entorno protegido, lo cual no lo veo muy adecuado. También sé que, aunque con nuestra producción ganadera e industrial de animales se cubre toda la demanda de carne de consumo -pese a que, desgraciadamente, no todos los humanos tienen cubiertas esas necesidades básicas por abusos sufridos por otros "humanos"-, solemos ser bastante sibaritas y así tenemos a nuestra disposición incluso carnicerías especializadas en la carne de caza, pero aún y con todo ello, no gusto de la caza entendida como deporte y no como necesidad, aunque luego -faltaría más- las piezas sean totalmente aprovechadas para el consumo humano. Si es verdad, como parece, que nuestro propio instinto nos lleva a gustar de esa actividad, creo que se deberían emplear los mismos medios utilizados cuando el hombre era un cazador nato por necesidad y sustituir la pólvora y modernos rifles de matar por flechas y lanzas, como nuestros propios antepasados, sería mucho más honesto. Pero bueno, tampoco quiero provocar carcajadas con mis hipótesis, ni meterme en cuestiones seguramente polémicas, que no es mi intención en este espacio, sólo que con todo esto, siempre me acuerdo de una frase que oí o leí no sé donde, en la que una persona justificaba su amor al campo alegando que gustaba de salir a cazar, como si el amor al campo se redujera únicamente a dicha actividad, claro que, en este caso concreto que cuento.

Volviendo a nuestro paso por Tortuero, el gps nos indicaba un camino que atajaba por los campos en dirección a Valdesotos, pero éste resultaba imposible para el automóvil. Dimos marcha atrás y al pasar por el pueblo pedimos consejo a un abuelo que con su pequeño nieto paseaba por una callejuela. El hombre muy amablemente, nos indicó el camino más fácil y rápido para llegar en coche a Tejera Negra, aunque luego no le hiciéramos caso, pues seguimos tirando de gps por caminos y carreteras muy secundarias. Nos contó que había trabajado de cartero muchos años por aquellos pueblos y que incluso había sido, ya de más mayor, alcalde de Tortuero. También le dio tiempo a contarnos lo complicado que se ponía la zona con las grandes nevadas de antes para poder desempeñar su trabajo de cartero. La verdad que llama la atención la gente de pequeños pueblos y núcleos rurales como éstos, tienen un derroche de amabilidad y hospitalidad admirables, da gusto conversar con ellos. La gente urbana no llegamos, en la mayoría de los casos, a esas cotas de humanidad, y eso que siempre se ha dicho, no digo que sin razón en algún supuesto, que suelen pecar de desconfianza frente al foráneo, lo cual tiene su lógica ante actitudes mostradas por ciertos urbanitas.

Nos despedimos del señor y del sonriente nieto de apenas tres o cuatro años y desandamos parte de lo recorrido hasta que descubrimos una carreterilla que nos bajó ante nuestro conocido Jarama, con el que ya habíamos departido anteriormente, en una especie de puertecito con vistas de ensueño entre bosques, principalmente de pinos, con el Ocejón y todos los montes carpetovetónicos de fondo –siempre me encantó el nombre puesto a esta montaña con su recuerdo a dos importantes etnias prerromanas del centro peninsular.














Bajada por un puerto camino de Puebla de Valles, con el Ocejón al fondo


Antes del descenso, en lo alto del valle, hicimos parada para contemplar todo lo que nos rodeaba y nos llamaron sobremanera la atención los cerros que había al otro lado del cauce del río, eran tan arcillosos, que pareciera que la tierra estuviera sangrando. Son los cerros que tanto caracterizan a Puebla de Valles, pueblo que descubrimos tras los mismos, después de haber pasado por una pequeña llanura que sucedía a la otra orilla del Jarama.




Montes arcillosos cerca de Puebla de Valles Puebla de Valles


En Puebla de Valles paramos a retomar fuerzas para luego continuar camino de Tamajón, la que fuera villa medieval de la comarca. Aquí tenemos que lamentar un gran descuido, y no por desconocimiento, a través de un programa radiofónico, conocía de la existencia de las ruinas del Monasterio de Bonaval, el lugar, por lo oído y lo visto en fotografías, desprende romanticismo a raudales, un monasterio cisterciense ruinoso en mitad de un valle boscoso en medio de la nada y de todo, ya se sabe que los de la Orden del Císter, al igual que los del Temple, no elegían ningún sitio al azar, éstos respondían a muy especiales razones, según se dice, y sólo hay que comprobarlo in situ para darse cuenta. Camino de Tajamón, a la izquierda hay un desvío al pueblo de Retiendas y de ahí sale una pista que conduce a Valdesotos donde a, no más de dos kilómetros de Retiendas, se encuentra este retiro espiritual del medievo. Por supuesto, nos queda pendiente para una nueva visita a la zona. Ahí os ponemos unas palabras, pronunciadas en el programa Reserva Natural, de José María Pérez González, más conocido como Peridis –que por cierto tiene un instituto en Leganés, nuestro municipio, con su nombre-, uno de los mayores entendidos en todo lo relativo al románico medieval, -"cuando los europeos eramos indígenas" como bien dice-, con las que podrá entenderse mejor este monasterio y tantos otros diseminados por esos valles perdidos de la Península Ibérica:

"…el monasterio tiene una función fundamental en el medievo, es la punta de lanza de la repoblación. Los monjes, benedictinos primero, del císter y las órdenes colindantes después, eran repobladores que mandaban los reyes a ámbitos no cultivados. Los monjes buscaban algo que ellos configuran luego como el paisaje monástico. Tú llegas a un ámbito y dices: ‘aquí hay un monasterio’ y ¿por qué hay un monasterio?, porque suele ser un valle ameno, cerrado al norte y a los vientos dominantes, abierto al Este –o abierto al Levante- y con un riachuelo no muy abundoso en las proximidades, donde hay sotos."

Monasterio de Bonaval:







Cerca, en el embalse del Vado, donde el pueblo del que tomó nombre dicho pantano quedó sepultado bajo sus aguas, aún se pueden contemplar algunas ruinas donde destaca el templo románico que fue iglesia de la población y en la que tuvo altar una imagen muy venerada en la Edad Media por aquellos pagos, la de Santa María del Vado. El propio Arcipestre de Hita, como bien nos indica con sus versos, hizo parada para reverenciar a la propia divinidad.

Continuando con el recorrido, nos detuvimos en lo que fue, como se ha apuntado, una auténtica villa medieval a la que Alfonso X El Sabio concedió derecho a mercado todos los martes, incluso ejercían el derecho a cobrar portazgo. Este lugar es Tamajón. En este pueblo llama la atención sobre todo la portada de su iglesia construida en el siglo XVI sobre un templo románico. La iglesia, como si de una ermita se tratase, se halla fuera de su núcleo urbano, lo cual no deja de ser curioso cuando casi siempre se sitúan en su centro. Había tanta gente aquel día en su entrada que, por esto y por ignorancia, no hicimos ninguna foto de su bonita portada y sí de la parte trasera donde no se aprecia esa interesante fusión entre estilos artísticos de épocas bastantes distantes, así que os ponemos un par de ellas ajenas tomadas de la red.



Iglesia de Tamajón

Salimos de Tamajón camino de Majaelrayo para internarnos en el corazón de Tejera Negra, pero antes, nos perdimos por Almiruete, una de las pedanías de Tamajón, que por lo visto celebra unos curiosos carnavales. Tuvimos que retroceder para tomar correctamente rumbo a Majaelrayo y de repente, como con tantos otros lugares en el camino, descubrimos un paraje muy atrayente. Este sitio es conocido como la Ciudad Encantada de Tamajón, pues recuerda a la famosa, y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, Ciudad Encantada de Cuenca. Ya os podéis imaginar, por tanto, para los que no conocéis el lugar, las singulares formaciones de roca caliza en un paraje natural de gran vistosidad que combina todos los elementos de culto pagano que puedan concurrir, como rocas de formaciones atrayentes, bosques, un arroyo y un promontorio cristianizado con la ermita de la Virgen de los Enebrales. No sabemos nada sobre su pasado, pero no me extrañaría nada que fuera uno más de esos lugares sagrados durante milenios, que tanto abundan por lo que fue la antigua Iberia. El lugar, siendo festivo, estaba bastante concurrido, pues existe un merendero allí.














Ciudad Encantada de Tamajón


Tras nuestro paso por la particular ciudad encantada de Tamajón, continuamos nuestro recorrido ya de lleno en lo que se conoce como la Ruta de la Arquitectura Negra –aunque se puede situar el inicio algo más al Sur, en Cogolludo-, un conjunto de pueblos que usan la pizarra como material principal de construcción –al igual, que el no tan lejano Patones, del que ya dimos cuenta por estos lares-, de este entorno serrano enmarcado entre los estrechos valles del Bornoba, del Sorbe y, por supuesto, del Jarama y que están propuestos ante la Unesco a la espera de que los declare o no patrimonio de la humanidad. La simbiosis entre los paisajes serranos y la arquitectura de pizarra negra de las aldeas y pueblos es perfecta. Antes de llegar a Majaelrayo, de donde surge una pista que recorre el Parque Natural durante bastantes kilómetros totalmente despoblados, y que lleva hasta Cantalojas, la otra entrada a Tejera Negra y en cuyo término municipal se encuentra la joya del mismo, El hayedo, pasamos por Campillejo, El Espinar y por Campillo de Ranas, municipio al que pertenece la pedanía de Matallana, poblamiento que quedó abandonado en la década de los setenta , pero que gracias a unas personas amantes, según cuentan, de la cultura hippy –aunque más bien diría, amantes de un modo de vida bastante más natural y distinto al habitual en los tiempos que corren- volvió a ser habitado en los ochenta. Estos nuevos matallanos –si es que éste es su gentilicio, que no lo sé, pero podría ser- salieron en la famosa y fabulosa serie de José Antonio Labordeta, Un país en la mochila, en cuyo episodio dedicado a la Sierra Norte madrileña allá por el 1993, se filmaron algunos pueblos cercanos de la provincia de Guadalajara, entre los que se encontraba Matallana. Labordeta habla ante la cámara con uno de ellos en una interesante conversación. En Campillo de Ranas, por lo visto, sus habitantes recelan algo de ellos, pero hay que decir que gracias a estos aventureros un pueblo abandonado, como era éste, ha vuelto a recobrar vida, lo cual es una gran noticia. Para terminar con Matallana, nosotros no llegamos a este lugar al que sólo se accede a través de una pista, aunque, en todo su entorno y sobre todo en dirección al poniente, donde se elevan las sierras que hacen frontera natural entre las provincias de Guadalajara y Madrid, hasta los 1865 metros de La Tornera y los 1809 de la Centenera, las rutas de senderismo son muy atractivas, por lo que quedan pendientes, con toda seguridad, para otra ocasión. Ahí os recomendamos la Ruta del Algibe, descrita en Garcaba:

Ruta del Algibe
















Tras esta mención a Matallana, tenemos que hablar de Majaelrayo, pueblo quizás más conocido dentro de la Arquitectura Negra por su mayor infraestructura turística y su proximidad a Tejera Negra. El lugar donde está ubicado, con el Ocejón poblado de piornos y sus 2049 metros de altitud dominando el panorama, es muy atrayente. Una extensa altiplanicie entre los montes carpetovetónicos con un horizonte impresionante mires hacía donde mires. Lo que es el pueblo en sí, como ya dijimos de Patones, ha debido perder bastante de su esencia con tanto negocio turístico que ha cambiado la fisonomía de la localidad, pues si bien se ha seguido utilizando la pizarra para reconstruir, la mayoría de estas casas han quedado bajo la típica apariencia de alojamiento rural, dentro de la propia particularidad de arquitectura de la zona. Ya se sabe que todo tiene su cara y su cruz, como se suele decir.
Pero no hay duda alguna en cuanto a su entorno, parece una auténtica planicie propia de los dioses, con bonitas sierras y extensos bosques bordeándola. Y hacía una de esas sierras nos encaminamos rumbo al norte en busca de Tejera Negra, donde nos pilló el crepúsculo y pese a que ése era nuestro objetivo, como bien dice la canción, "por el camino yo me entretengo", y fue tanto lo que nos entretuvimos, que no nos dio tiempo a aproximarnos al famoso hayedo de Tejera Negra, uno de los bosques de hayas más meridionales del continente. El otro, según dicen el más meridional, y muy próximo a éste, es el de Montejo de la Sierra, en la provincia de Madrid. Aún así, cruzamos el Parque Natural por la pista, de no muy complicado tránsito para el automóvil, que une Majaelrayo con Cantalojas en un recorrido de unos veinte kilómetros de naturaleza más o menos salvaje, con bastantes pinares de repoblación –ya se sabe que Icona hizo algún que otro estropicio, denunciado por lugareños y ecologistas, por estos entornos décadas atrás- y donde abundan también los rebollos, los tejos –que son los que dan nombre al Parque-, los abedules y donde ya hemos citado el fabuloso corazón del Parque, su hayedo.
















Este hayedo, y gran parte de zonas boscosas que lo rodean, se puede decir que se conservan prácticamente en el mismo estado que se encontrarían en la propia Edad Media. Una pena que no pudieramos adentrarnos en el mismo, aunque, al igual que en el de Montejo, hay que solicitar un permiso especial para visitarlo. Según dicen, el frondoso manto de hojas de la haya apenas deja el paso de la fuerte luz primaveral o veraniega, que debe producir una sensación fabulosa en esas calurosas estaciones. Además, también cuentan que el águila real posa inmensos nidos sobre las hayas y el azor realiza espectaculares planeos en primavera –durante el resto del año sólo vuela a base de constantes aleteos. Corzos, jabalíes y gatos monteses se ocultan en lo más profundo del bosque, aunque tampoco es difícil cruzarse con algún ciervo por las carreteras de la zona. Recuerdo una noche volviendo de Montejo, quisimos ir por carreteras comarcales como alternativa al camino más rápido de vuelta y nos perdimos apareciendo en un pueblo llamado Bocigano, ya de la provincia de Guadalajara y de esta misma comarca de la Sierra de Ayllón, donde camino del mismo nos topamos con algún ciervo en parajes que llaman igualmente, a pesar de la nocturnidad de aquel momento, la atención por su gran soledad. El pueblo parecía desierto, salvo una casa con luz junto al ayuntamiento, donde un señor extrañado ante la llegada de un coche a esas horas un domingo, –o no, pues igual ya estaría acostumbrado a algún que otro dominguero, como nosotros, que por allí perdido fuera a parar- salió para indicarnos amablemente que teníamos que volver carretera atrás por donde habíamos llegado al pueblo, pues éste no tenía otra salida. Ahí fue cuando descubrí, hace unos años ya, que había mucho que explorar por aquellos contornos, aparte de un documental que vi en una ocasión sobre Tejera Negra en Tve, no recuerdo en que programa fue emitido.
En nuestro recorrido desde Majaelrayo hasta Cantalojas atravesando el Parque, cruzamos los ríos Sonsaz, de donde toma el nombre la reserva nacional de caza, y Lillas, ya cercano a Cantalojas, donde había un merendero para visitantes. Ahí justo nos pilló el ocaso y llegamos ya de noche a Cantalojas donde los cazadores repartían sus piezas, entre ellas un jabalí de tamaño descomunal. La vuelta la emprendimos por la otra vertiente de la Sierra de Ayllón, la atlántica –la sierra de Ayllón separa la vertiente atlántica de la mediterránea-, pasando junto a Riaza, sin llegar a la que tuvo que ser importante villa medieval y de la que esta sierra toma nombre, para acceder después, al otro lado del puerto de Somosierra –visto por un madrileño- a la Nacional I y emprender así el camino de vuelta. Antes, pensando que el regreso lo haríamos dirección Sur desde Cantalojas, descubrimos una localidad con la silueta de un castillo, que pese a la oscuridad –o quizás por motivo de ella- nos atrajo considerablemente por ese toque bécqueriano tan acusado que, de tantos castillos y fortalezas que por la tierras de Castilla andan dispersos, se desprende. El castillo en cuestión era el de la no menos llamativa villa de Galve de Sorbe, una más de esas que, por la zona junto a Ayllón, Sepúlveda o Atienza, guardan aún su espíritu guerrero de hace siglos.














Castillo de Galve de Sorbe


Y hasta aquí, esta nuestra humilde aventura argantoniana, espero que disfrutéis de estos parajes tanto –o más, sobre todo en cuanto a tiempo- como nosotros lo hicimos. Nos vemos.
Ahí os ponemos un video para que, los que aún no nos hemos adentrado en el hayedo de Tejera Negra, nos podamos hacer una pequeña idea de la maravilla que debe ser aquello.





Galería:

miércoles, enero 23, 2008

Un paseo por la vieja Arse

Hoy nos toca pisar un sitio emblemático del mundo antiguo ibérico. Este lugar es Arse, la actual Sagunto. Junto con Numancia y su admirable resistencia, la tres veces milenaria Gádir fundada por los fenicios, de la que dicen es la ciudad más antigua que siga habitada, no sólo de la península sino de todo el occidente europeo, la Nueva Cartago, fundada por Asdrúbal el Bello, yerno de Amílcar Barca, y como no, la enigmática Tartessos , patria chica de los argantonios, si se me permite el chascarrillo, y de la que aún no se conoce su ubicación, si existió como tal una ciudad así llamada o si sólo fue el nombre que se dio a la más antigua civilización ibérica conocida, se puede decir que Arse, junto a todas ellas, constituye una de las ciudades prerromanas más nombradas y significativas de dicho periodo histórico. No hay que olvidar otras muchas, pero sobre todo las dos primeras son bien conocidas por sus epopeyas, Numancia soportando varios asedios durante años hasta que finalmente sucumbió a un cerco extremo y Sagunto aguantando varios meses las distintas acometidas de uno de los ejércitos más poderosos del momento, el cartaginés. La Enciclopedia "Pueblos de España", de Ediciones Rueda de 1995, describe la propia leyenda en la que se convirtió la resistencia de Arse de la siguiente manera:

La ciudad estuvo sitiada durante ocho meses y al filo de sus fuerzas, sus habitantes intentarán pactar con el enemigo. Pero las condiciones exigidas por el general cartaginés (Aníbal) serán tan duras que optaron por aguantar hasta el final. En este punto de la historia, la leyenda se apresura a contarnos que los saguntinos encendieron una inmensa pira en la que ardieron sus riquezas y aquellas personas no válidas para el combate, mientras que los restantes entregaron su vida en la última batalla.













En este último hecho, la historia oficial sitúa la causa del inicio de la Segunda Guerra Púnica entre Roma y Cartago, una "guerra mundial" del momento en el mundo conocido de estos pueblos u oikouméne, que dirían los antiguos griegos. Ambas civilizaciones buscaban hacerse con el poder de las tierras ibéricas, tan míticas en la antigüedad por sus riquezas.

Pues un día, no cualquiera (nunca puede serlo en lugares como éste) del año que terminó y más de dos mil doscientos años más tarde de que lo hiciera Aníbal, ahí llegaron, con fines más pacíficos, unos humildes argantonios ilusionados con el privilegio de conocer in situ esta antigua población. Arse fue la ciudad más importante del pueblo ibero de los edetanos, sin olvidarnos, por supuesto, de la otra población de igual importancia y de la que este antiguo pueblo toma su nombre, Edeta. Ya daremos también cuenta por aquí de ella. Pero Arse, aún siendo una población más de la zona en sus inicios, pasó a triunfar en el tráfico marítimo y a mantener una intensa relación comercial con los romanos. Sobre su origen circula una hipótesis que dice que quizás fuera una población fundada por colonos griegos procedentes de la isla jónica de Zakynthos, pero no deja de ser eso, una hipótesis. La postura, más extendida, es la que otorga origen ibero a esta población y una fundación sobre el Siglo V a. C.













Antes de nuestra llegada, visitamos una feria medieval en la plaza de toros de Valencia. El encuentro fue casual, pues la bonita Estación del Norte de Valencia, como sabréis los que conocéis esta importante capital levantina, se encuentra junto a la plaza de toros y así, tras perder un tren y hacer tiempo hasta el siguiente, decidimos dar un paseo por los alrededores, descubriendo dicha feria medieval donde puedes tomarte un montado de morcilla como lo harías en un bar normal, aunque no más barato, sólo que aquí a la mujer que te atiende la tienes vestida de antigua mesonera, lo cual no deja de estar gracioso. En la galería de fotos que os ponemos más abajo se encuentra alguna foto de esta feria. La verdad que Valencia estaba hasta arriba de gente y no es que se estuviera celebrando la llegada de la primavera con sus famosas fallas. Ese fin de semana, además de que fue el puente de la antigua y ancestral festividad de los difuntos, se celebró la última prueba del mundial de motociclismo en el circuito de Cheste. Valencia estaba repleta de moteros y gente visitante de fin de semana aprovechando dicho puente, cual fue nuestro caso.

Tras nuestro paso por el medievo, volvimos a la era industrial del ferrocarril y tomamos un cercanías dirección Castellón, aunque nuestro destino nos haría apearnos antes, en la antigua ciudad edetana. Según se va llegando, impresiona la aparición de la imponente fortaleza, que tanto costó tomar a los púnicos de Cartago, y que, a lo largo de un extenso promontorio, se extiende a nuestra izquierda, con los montes del Parque Natural de Sierra Calderona de decorado de fondo. Este parque natural, conjuntamente a la ciudad monumental, constituye una simbiosis perfecta más de las tantas que, afortunadamente, tenemos en la Península Ibérica entre ciudad histórica y entorno natural singulares. Así, a bote pronto, a cada uno de nosotros siempre nos aparecen unas cuantas en la cabeza, sobre todo las más cercanas a nuestro lugar de residencia y, por tanto, mejor conocidas. En mi caso, siempre acuden a mi recuerdo, las simbiosis Sepúlveda-Hoces del Duratón, Sigüenza-Barranco del río Dulce, Molina de Aragón-Alto Tajo,Tarazona-El Moncayo, Cuenca y su serranía, etc. Pues hete aquí, una más que no puede pasarse por alto, la simbiosis Sagunto-Sierra Calderona, a pesar de que ciertas urbanizaciones han ido arrancando parte a esos montes. Ya se sabe como está la cuestión del urbanismo desde hace años por el levante peninsular.













El tren llegó a la estación y nosotros, tras pasar por la parte nueva, comenzamos nuestra subida al casco histórico. La Plaza Mayor porticada de la localidad recuerda al estilo de plaza mayor castellana, más que al propio de la zona levantina. Junto a ella se encuentra la iglesia de Santa María, de estilo gótico, y adosado a ésta, los restos de lo que dicen fue un templo romano dedicado a la diosa Diana. Una vez más nos topamos con la sobreposición de lugares de culto, de los que tantos ejemplos tenemos. De ahí, tomamos la calle del Castillo, carrer del castell en valenciano, donde nos adentramos de lleno en el Sagunto medieval, aunque más bien habría que decir el Murviedro medieval, pues así pasó a llamarse, la que antes fue Arse y después Sagunto, en época musulmana, más bien, para ser más exactos, el propio nombre árabe fue Morbiter, lo que en valenciano pasó a ser Molvedre o Morvedre y en castellano Murviedro, nombre que tuvo hasta 1869 cuando pasó a llamarse, de nuevo, Sagunto. Así es conocida además la comarca, Camp de Morvedre, de la que Sagunto, como su nombre indica, es su capital.














En su caso histórico medieval, son muchas las casas vetustas, con sus escudos de armas, que te puedes encontrar y destaca sobre todo su judería, en muy buen estado y con varios arcos de entrada a la misma. Yo, desde que visité, hace unos años, la que dicen mejor conservada de la península, la judería de Hervás, en la provincia de Cáceres, me he convertido en un admirador de las mismas y me he aficionado a, otro más de los pueblos que forman parte de nosotros, los sefarditas. La de Sagunto supongo que no estará igual entre las más importantes, al menos no está institucionalizada como tal, entre las juderías que forman parte de la Red de Juderías de España, pero a mi personalmente me gustó mucho y quería compartir con vosotros esa sensación. Es pequeñita, pero mantiene la pura esencia de una auténtica judería. Recorriendo sus estrechas calles ya de noche, sentí lo que se siente siempre en lugares de este tipo con tanta historia, me empapé tanto del mismo, que me daba la sensación de que estaba en esta judería a la vez que en cualquier otra de las que ya he visitado en Toledo, Segovia, Hervás, Ávila o Sevilla y su emblemático barrio de Santa Cruz, tienen un punto en común muy claro. Tenía claramente ese toque en común con las demás que tanto me fascina cuando visito una de ellas, aunque esto es extensible, no sólo a juderías, sino a todos los barrios medievales, en general, que se conservan en muchas de nuestras poblaciones ibéricas. En ese sentido, habiendo visto poquísimo aún, por supuesto, en Granada he conocido lo que sería la puerta al mismísimo paraíso. Todo lo que se hable de esa maravilla es poco. Pero vamos, volviendo, a la más humilde, pero tampoco menos encantadora judería de Sagunto, en ella han abierto, una tienda-museo, llamada Casa Judía, que además organiza visitas guiadas en el antiguo Sagunto.














Justo aquí, nos encontramos en la parte más alta de la actual ciudad, junto al famoso Teatro Romano de Sagunto, primer edificio declarado monumento nacional en 1896, y a los pies del promontorio, que se extiende casi un kilómetro por lo alto, en una especie de meseta con bajadas y subidas, donde se encontraba el nucleo originario de Arse y donde se encuentra muy bien conservada, y usando el calificativo de la impresionante constucción china, la gran muralla que bordea el altozano saguntino. A la derecha del teatro, hay una senda que bordea el cerro, de éstas que llaman ecológicas y que son un plácer recorrerlas. Hay algún tramo, entre arboleda, donde puede parecer con las subidas, que se está haciendo auténtico senderismo de montaña, si se me permite la exageración. En esa ladera, poco más arriba de las casas de la judería y muy cerca del teatro, se ven bastantes restos de piedras trabajadas, que te hacen adivinar que ahí hubo algo en tiempos pretéritos. En mi ignorancia, por la proximidad del Teatro mandado construir en tiempos de Septimio Severo y Caracalla, pensé que podrían ser restos de lo que sería parte del foro romano de la ciudad, pero luego ya vimos que éste se encontraba arriba, dentro del recinto amurallado. En principio no sería descabellado que el foro romano se hubiera ido desplazando hacia la parte baja, pues una vez quedó "pacificada" la Península Ibérica, muchas poblaciones abandonaron las alturas para asentarse en la llanura. Un ejemplo, no muy lejano para el que estas líneas escribe, podría ser el de la antigua Ikesankom Konbouto de los carpetanos, nombre este último que, latinizado después, daría Complutum, la actual Alcalá de Henares. Pues bien, su poblamiento originario carpetano, donde se pueden contemplar parte de las cimentaciones de sus viviendas, se encontraba en el conocido como Cerro del Viso. Éste quedó deshabitado pasando la población, en época romana, a ocupar el casco antiguo de la actual ciudad. Mas sin entrar en más divagaciones, buscando información al respecto, encontré este artículo, que os enlazo a continuación, sobre las juderías de Valencia y Sagunto, donde se dice que aquello son los restos del antiguo cementerio judío y que alguna de sus lápidas se conserva en el Museo Arqueológico de la ciudad, museo que, desafortunadamente, no pudimos visitar por encontrarse cerrado a nuestra llegada, aunque a través de las cristaleras pudimos hacer alguna foto.














Artículo sobre las juderías de Valencia y Sagunto

Tras esta aproximación por el cementerio judío y la senda ecológica, hemos de volver al punto de encuentro de estos dos, el Teatro Romano. En cuanto a su reconstrucción, como es bien sabido entre los interesados por estas cuestiones y por las polémicas políticas suscitadas (aunque estas últimas, por supuesto, son las que menos tendrían que recavar la atención sobre estos asuntos), apenas dejó reconocible la autenticidad del teatro, por muy ruinoso que éste se encontrara. Aquí entra en juego el dilema entre ¿qué es más importante, si dejar el lugar en sí mismo con sus pertinentes conservaciones como yacimiento arqueológico o reconstruirlo para de nuevo poder volver a utilizarlo con el mismo fin con el que se construyó hace casi dos milenios?. En su momento, se optó por lo segundo, y ahora, tras varios años de pleitos judiciales, el Tribunal Supremo, como última instancia, ha entendido que dicha reconstrucción vulneró, la ya vigente por aquel entonces, Ley del Patrimonio Histórico, por lo que la Sala del Contencioso-Administrativo de este Supremo Tribunal, ha confirmado el plazo de dieciocho meses para revertir el Teatro a su anterior estado, lo cual se antoja bastante complicado. Es una pena que una reconstrucción, con tan poca fidelidad al objeto de su actuación, haya provocado todo esto. Un paseo entre sus vomitorios puede ser lo más parecido a contemplar en su estado original este teatro, con su natural deterioro acaecido por el transcurso de los siglos.














Por la parte trasera del teatro, sube una pista asfaltada que, tras un zigzag, te encamina a la entrada de la fortaleza de la antigua Arse, que tanta devoción nos produce. Dentro, lo ibero, romano, visigodo y musulmán se dan la mano, cada uno con su espacio emblemático, incluido su homenaje a la Independencia que este año celebra su segundo centenario, con la Plaza Dos de Mayo, y donde también tuvo Sagunto a su gran héroe local , José Romeu. Desde lo que se conoce como Plaza de la Almenara, lo que fuera una fortaleza de época musulmana, en la zona oriental del castillo, se ve la población de Sagunto a los pies del promontorio a una altura de vértigo y a lo lejos, junto al mar, el núcleo urbano de Puerto de Sagunto, donde se pueden apreciar las fábricas de su famosa industria siderúrgica y sus torres de apartamentos destinadas en gran parte al uso turístico veraniego, produciendo un gran contraste. Hacia el sur se contempla, muy al horizonte, la gran aglomeración de la ciudad de Valencia, ésa que quitó la hegemonia a Sagunto a partir de la llegada de los árabes, y hacia el noreste, se pueden adivinar como si fueran una sola, las poblaciones de Villarreal y Castellón. Continuando con el castillo, muy cerca de la Almenara está la Plaza de Armas, donde se encuentan los restos del foro romano y donde se puede contemplar la planta de lo que fuera un templo, así como varios fragmentos de columnas y una cisterna tallada en la roca. No busqueis en Sagunto un castillo al estilo convencional de los que aún se conservan, por mucho de que haya existido y así sea nombrado como tal, buscad más bien varios castillos en uno solo, o más bien buscad un gran recinto cercado por murallas muy bien conservadas, donde encontrareis en su interior las huellas de nuestra propia historia a lo largo de los siglos y, sobre todo, buscad los horizontes y los atardeceres que los propios saguntinos vienen contemplando desde hace dos milenios y mitad de otro.













P.D. Una cita obligada tiene que ser para los restos del Circo Romano de Sagunto, que por desconocimiento de su existencia, no contemplamos sobre el terreno. Según se cuenta, gran parte está enterrado bajo el nucleo urbano, pero junto al río Palancia, aún se puede ver parte de lo que fue. Otra cita para la Sierra Espadán, hermana gemela de la Sierra Calderona ya mencionada, y que viene a unirse casi con el mar de las olas vinosas, como solía describirlo el antiguo poeta griego, por lo visto gustaba de los vapores dionisíacos, y ¡bien que hacía!.












Galería de fotos:

lunes, noviembre 26, 2007

Pancracio Celdrán y la sabiduría popular ibérica e insular

Buenos días, hoy y cuando querais, os quiero invitar a que disfruteis de las participaciones en RNE de un auténtico "libro abierto" como se suele decir, un libro mesurado, sabio y fascinante, un erudito, aunque él no guste de ese calificativo, y éste no es otro que Pancracio Celdrán. Muchos y muchas de vosotras y vosotros ya le conocereis de sus participaciones en nuestra radio pública, en el programa de los fines de semana "No es un día cualquiera" y también de otros medios, pero tanto para los que conoceis de su sapiencia, como para los que no, os informo de que he creado un blog donde iré colgando sus dos enseñanzas semanales de sábado y domingo.














Hará un par de años oí una presentación suya, hecha en Ávila, del libro "Caminos de Sefarad: red de juderías de España" en Radio Sefarad y la verdad que quedó uno cautivado de su sabiduría, de su sosiego y de su humildad al contar las cosas, por lo que cuando descubrí su participación en ese programa, me hice un seguidor de su sección. El problema era que, siendo fin de semana, uno sale por ahí a fogearse un poco de la semana, como se suele decir, y así muchos sábados y domingos me lo perdía. Buscaba en programas de descargas y en la red en general por si encontraba archivos de audio con sus intervenciones puestas por gente aficionada a su espacio, como ocurre con otros programas, pero no encontraba nada y no era ya sólo cuestión de oirlas, sino también de tenerlas, son auténticas lecciones de sabiduría que conviene poseer. La página web de RNE la inspeccioné en su momento, pero no ponía a disposición con regularidad los programas. Únicamente colgaban algún que otro pasaje de cada programa y, desafortunadamente, pocas veces se podía encontrar la sección de Pancracio Celdrán. Así que, fue el otro día cuando me dio por mirar de nuevo en la página web de Radio Nacional de España y me percaté de que había sido reformada. Navegué por ella, hasta que descubrí que ahora cuelgan los últimos seis meses de programación para poder descargar, por lo que me decidí a buscar sus participaciones y de ahí, ante la carencia que pude ver en la red específica de su espacio me decidí a crear este blog, donde iré poniendo semanalmente sus participaciones. Así que nada, avisados quedais por si os interesa. Yo, como os he dicho, os recomiendo que le oigais, ya sea en vivo,si puede ser, o a través de esta página.

http://www.pancracioceldrangomariz.blogspot.com

Un saludo, y que los dioses de la antiguia Iberia sean con vosotros ;-)

viernes, noviembre 09, 2007

Necrópolis de Sieteiglesias, Cueva del Reguerillo, Patones...

Muchas maravillas son las que se puede encontrar uno por la comarca de la Sierra Norte madrileña, la que siempre se conoció como la sierra pobre, que de pobre nada en cuanto a riqueza natural y cultural. Lo que en esta entrada vamos a describir es sólo una pequeña parte, aunque eso sí, muy especial. Son unas cuantas veces las que hemos ido al pantano del Atazar, el más grande de la provincia de Madrid, a alquilar piraguas y kayaks a un centro recreativo conocido como Juan Gil, muy alejado de lo convencional en este tipo de negocios y donde, después de darle al remo, te puedes tomar una jarra de cerveza que te sabe a auténtico néctar de los dioses, contemplando unas puestas de sol espléndidas. El lugar se encontraba cerrado, no sabemos si por estar entrando en temporada baja o por dejadez del negocio, pues aunque hace tiempo que no andabamos por este sitio, sí recordamos haberlo encontrado abierto por estas fechas en otras ocasiones y eso nos produjo el temor de que haya sido el cierre del mismo y no otra cosa lo ocurrido. Esperemos que no, el sitio merece mucho la pena.






Panorámica del pantano del Atazar desde lo que se conoce como 'Las Conveniencias de Buitrago", al fondo se puede ver el municipio que da nombre al pantano, El Atazar. La jara, por estos contornos, es abundante y su olor fabuloso.

Antes de pasar por el pantano del Atazar, (que por cierto, estaba con un nivel muy alto de agua) y disfrutar de las vistas de su entorno, donde estás a caballo entre las provincias de Guadalajara y Madrid, descubrimos una auténtica joya arqueológica por pura casualidad. Tras pasar por Torrelaguna, municipio más importante de la comarca junto con Buitrago del Lozoya, posiblemente el Litabrum citado por Tito Livio, y que merecen un capítulo aparte, decidimos no ir directamente hacia Patones y El Atazar, sino visionar primero otras poblaciones serranas camino de Buitrago, como El Berrueco y Sieteiglesias. En esta última, pedanía de Lozoyuela, descubrimos que su única iglesia (su toponímia no se ajusta a la realidad, suponemos que derivará del mito bíblico de las siete iglesias, así nos encontramos más localidades por tierras ibéricas como Siete Iglesias de Trabancos, en Valladolid, o Siete Iglesias de Tormes en Salamanca), se encontraba sobre un gran roquedal, compacto todo él, que nos sorprendió gratamente. Así decidimos contemplar de cerca el lugar, con la sorpresa de descubrir una necrópolis medieval que rodeaba la iglesia llamada de San Pedro Apóstol.








El paraje es sobrecogedor, tiene el auténtico tinte sagrado que parece transportate a periodos precristianos donde lo rupestre era sinónimo de lo espiritual, y aunque la necrópolis dicen unos que es de época visigoda y otros obra de los repobladores cristianos, se pueden ver rocas con grabados en forma de cazoletas más propias de periodos anteriores. Es una opinión personal, y por supuesto nada científica, la de pensar que pudo existir una superposición de culturas y distintas creencias, como ha ocurrido en muchos otros sitios de tinte espiritual. El berrocal es de lo más llamativo y el paisaje de los contornos, con las sierras de horizonte y el pico la Miel como protagonista, contribuye a dar un toque muy especial a este lugar. Si algún día andais de paso por estas tierras, entre la visita a Buitrago, Montejo de la Sierra, Patones, Torrelaguna..., no dejeis de visitar esta necrópolis. La pasarela sobre las tumbas estaba cerrada, así que nos tuvimos que conformar con observar el recinto a la distancia, salvo en la fachada oriental de la iglesia, donde se estaban descubriendo nuevas tumbas que podreis ver en alguna de las fotos que hicimos. En una de ellas se puede ver un esqueleto, que por su escaso tamaño, parece pertenecer a un niño. Luego en un pequeño fundo con una vivienda muy cerca, había una roca labrada que me traía reminiscencias de esos santuarios de época celtibérica y romana diseminados por la Península Ibérica.














Una vez salimos de Sieteiglesias, hay que destacar las torres de vigía y atalayas que se encuentran en esta comarca. Nosotros en este recorrido vimos la atalaya defensiva árabe de Torrepedrera y, ya de época más tardía, en concreto del S. XVI, la torre de Mirabel. De las primeras podemos decir que hay una red en la comarca, que estaría incluida dentro de la red de atalayas árabes de la Marca Media, antemuro defensivo del reino árabe toledado. El puerto de Somosierra, como lugar de procedencia de las tierras segovianas en manos cristianas por aquellos tiempos de construcción de estas atalayas, se encontraba muy cerca y así los árabes construyeron estas torres a distancias no superiores entre sí a lo permitible para poder comunicarse con señales visuales a la distancia, usando el fuego como elemento principal de comunicación. En cuanto a la segunda, la de Mirabel, surgió por no pocas disputas que hubo entre el señorío de Buitrago, donde se construyó esta torre, y el de Uceda. Con esta torre se pretendía, por tanto, vigilar las dehesas de posibles furtivos, tenía un carácter disuasorio.














Torre de Mirabel

Antes de hacer un pequeña incursión a la tan explorada Cueva del Reguerillo, hicimos una visita a la primera obra decimonómica del Canal de Isabel II, la presa del Pontón de la Oliva, hoy en día en desuso. Es un lugar bien conocido por todos los excursionistas de la zona centro peninsular. Ahí, en el Cerro de la Dehesa de la Oliva, que da nombre a la propia presa, se encuentra horadando su interior, con sus más de 10.000 metros de galerías, la propia Cueva del Reguerillo, y en lo alto del cerro, el castro carpetano que toma el nombre del propio cerro y en el que se han documentado varios tramos de murallas y viviendas de mampostería.








El Pontón de la Oliva y el cerro del que toma el nombre

El Castro de la Dehesa de la Oliva


En la propia cueva existen la únicas pinturas rupestres paleolíticas de la Comunidad de Madrid. Nos adentramos en la misma, no muy preparados con material de espeleología, simplemente con unas linternas, pero nuestro recorrido se iba a limitar únicamente al primer piso de los tres que tiene esta cueva, hasta el que se conoce como el paso del tablón, llamado así por un tablón que servía para superar una caída en el recorrido y que ya no existe. Esta cueva fue citada por Pascual Madoz, en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar en 16 volúmenes publicados entre 1845 y 1850, como la Cueva del Requesillo. Poco más tarde, en 1864, fue descrita por Casiano de Prado en su "Descripción física y geológica de la Provincia de Madrid", aunque, hasta la década de los cincuenta del siglo pasado, no se conocía nada más que el primer piso, el que nosotros visitamos. Fue excavando en dichos años cincuenta, a cargo de un grupo perteneciente al Club Alpino Español y a la Escuela de Ingenieros de Caminos, como se abrió paso a los dos nuevos pisos de galerías, donde se hallaron huellas fosilizadas del "oso de las cavernas" y restos de utensilios prehistóricos, así como pinturas rupestres, las únicas halladas hasta el momento en la provincia de Madrid. La verdad que los argantonios estamos últimamente muy cavernarios y, al igual que en la Cueva de Montesinos, volvimos a tener esa sensación atemporal que el interior de la Tierra parece producir en los mortales. No me canso de repetirlo, es un auténtico viaje al más antiguo de nuestros hogares, dejando al margen el medio árboreo del que fuimos apartados, la expulsión del Edén que dirían los antropólogos, y por supuesto el origen acuático de la vida, que ya nos pilla bastante lejos, pero que no deja de ser nuestro nexo en común a toda la materia viva de este planeta.







Vista al fondo del valle desde la entrada a la Cueva del Reguerillo

Chorrera dentro del primer piso de la cueva


Volviendo a lo mundano, nuestro estómago nos iba demandando sus derechos y así nos dirigimos a Patones de Abajo a disfrutar de la vianda en un bar donde, a modo de pequeña exposición fotográfica, reunía unas cuantas instantáneas muy llamativas, en una de sus paredes, de la Cueva del Reguerillo (del Requesillo para Madoz, como se ha dicho, que bastante bien nos hubiera venido en esos momentos) . Patones de Abajo se creó en los años treinta por los propios vecinos del de Arriba, el genuino, buscando un sentido más práctico. Así se encontrarían, a partir de ese momento, en la zona más llana de la vega y junto a la carretera de Torrelaguna, quedando Patones de Arriba, abandonado prácticamente. Más tarde, sobre todo a partir de la década de los setenta, comenzó a resurgir el pueblo a través, según cuentan, de un francés muy visionario en esto de los negocios turísticos, el cual adquirió, olfateando su futuro desarrollo por lo singular del lugar, gran parte del pueblo que se encontraba prácticamente abandonado, siendo el más lejano antecedente en estos contornos del próspero turismo rural que tan desarrollado y común es para nuestros tiempos actuales. El pueblo empezó a tener restaurantes, se empezaron a restaurar sus casas de pizarra negra y así hasta nuestro días, donde el pueblo ha llegado a cotas prohibitivas en cuanto a precios se refiere. Todo ello hace que sea difícil contemplar este pueblo con el sosiego que seguramente tuvo durante siglos, pese a su pequeño tamaño, pero si se apura un poco, por ejemplo un domingo cualquiera como nosotros hicimos, el caserío empieza a liberarse de visitantes y se pueden comenzar a saborear sus callejuelas estrechas empinadas de una manera más genuina. En el pueblo han sabido explotar bastante bien la historia del "Rey de Patones" y así, según la tradición, se dice que: " Patones fue un pueblo de origen visigodo que, cuando los árabes invadieron la península en el S.VIII, quedó aislado en estas montañas del Sistema Central manteniendo la tradicional monarquía goda de régimen hereditario gobernada por un rey denominado "Rey de los Patones" que perduró hasta el S.XVIII." Todo esto, por supuesto, no es cierto. Patones aparece por primera vez documentado en 1557, como pedanía de Uceda, el pueblo tan cercano, ya alcarreño. Su nombre proviene de "los hermanos Asenjo Patón, Pedro Patón y Juan Patón, vecinos de Uceda en 1527, que poco después deciden instalarse en una estrecha garganta a la que su apellido dio nombre." (todas estas notas entrecomilladas han sido sacadas de una intervención de la gran arqueóloga e historiadora Alicia M. Canto en celtiberia.net, que a su vez extrae de la documentación histórica). En cuanto a la existencia de los reyes de Patones, continua diciendo Alicia M. Canto, "parece cierto, aunque la 'monarquía patónica' sólo duró de 1653 a 1737."
Está claro que este pueblo no quedó inédito ni para los musulmanes, ni para las tropas napoleónicas, como se dice. El pueblo está escondido en una garganta, pero no lo suficientemente aislado y muy cerca del valle del Lozoya y del Jarama, además del arroyo de San Román, como para que no se supiera de la existencia de estos lugareños. Además que, ya se sabe que donde hay fuego, hay humo, y éste siempre es delator para el hombre. El no haber sido ocupado el lugar ni por 'moros' ni por 'franceses' más bien sería por el escaso interés que éstos tendrían en dicha aldea serrana.








Y hasta aquí este modesto relato argantoniano. Ahí os ponemos un enlace a una galería de fotos de aquel día:

http://www.galeria3argantonios.galeon.com/sierranorte/sierranorte.html

Un saludo amigos y disfrutad de esta comarca cuando podais, merece la pena.

P.D. Ahí va la página oficial de la comarca de la Sierra Norte madrileña:

http://www.sierranorte.com


domingo, octubre 21, 2007

Homenaje a Juan Antonio Cebrián

Anoche, como cualquier sábado que uno no sale, me disponía a escuchar su programa La Rosa de los Vientos. Cuando no lo podía oir en directo me lo descargaba de internet para escucharlo, pero ayer nos dejó bastante tocados a todos los que eramos aficionados a su programa. Ayer (hoy más bien) a la una de la madrugada, cuando muchos oímos el comunicado de su adios, se nos heló la sangre. No estoy de acuerdo con la calificación simplista sobre su programa como "programa de fenómenos paranormales" que le dan los noticiarios digitales. Si bien estos temas eran tocados, sobre todo en una sección denominada la Tertulia de las 4C, este programa era mucho mucho más. Su sección denominada Pasajes de la Historia era un ejemplo magistral de narrativa radiofónica, tan escasa en los tiempos que corren. Era un contador sublime, no ya de historias, sino de la Historia con mayúsculas y nos avivaba la imaginación transportándonos desde los tiempos de Viriato a los trágicos acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, desde Numancia a la Italia Renancentista, desde los samurais a los propios templarios (su último pasaje de la Historia del pasado domingo), de Sócrates al propio Galileo, desde el propio Argantonio, el genuino, a Alejandro Magno y como no, ya que sale a colación el nombre de Alejandro, no podemos de dejar de nombrar a Alejandro, su hijo, de apenas dos años y que nos presentó en sociedad en su programa....ahí queda su legado, unos documentos que se encuentran en multitud de páginas web creadas por la familia rosaventera, como bien se venía llamando. Y qué decir de la sección Lugares de Poder con su invitado Juan Ignacio Cuesta y que es motivo de que este humilde sitio web, como otros muchos seguramente, exista. Los argantonios hemos conocido numerosos lugares perdidos de la piel de toro gracias a Lugares de Poder, desde el santuario celtibérico de La Conquezuela, al castillo templario de Montalbán, desde la Cueva del Reguerillo a la Cueva de la Luna y muchísimos otros pendientes en la agenda argantoniana. La verdad que pocas veces he sentido un vacío tan grande con respecto a una persona que no conociera personalmente, aunque él parecía conocernos a todos y nos consideraba amigos a todos los integrantes de la gran familia rosaventera. Quizás por eso podemos decir que se nos ha ido un amigo, un gran amigo. Un hombre "encantado y feliz, como una lombriz".

sábado, octubre 06, 2007

Ruta quijotesca camino de Ruidera

"Después de las veinte horas de carro que la ida y vuelta a Puerto Lápice supone, hétenos aquí ya en la aldea de Ruidera -célebre por las lagunas próximas-, aposentados en el mesón de Juan, escribiendo estas cuartillas".

Nosotros, como Azorín, aunque ciento dos años después, también reposamos un rato en este mesón y con cerveza en mano pudimos leer este ilustre texto en la pared inmortal ya por la gracia de la literatura universal. Afortunadamente (o no, según se mire, porque las prisas en los tiempos que corren no le dejan a uno llegar a la quietud precisa para sumergirse en la esencia de las cosas) nuestro 'carro' era algo más veloz y pudimos contemplar en una mañana una de las rutas más emblemáticas de todo el universo quijotesco, empezando por la que hasta este cuarto centenario era considerada patria chica del hidalgo literario más famoso de todos los tiempos, el lugar era Argamasilla de Alba. Ahora, tras cuatro siglos de reinado le toca el turno a Villanueva de los Infantes, así lo dictaminó un jurado de expertos hace dos años, aunque por mucho jurado y por mucho experto que se reúna, que cada manchego otorgue este honor a su propia villa lícito es. Así parece que fue querido por el mismo Miguel de Cervantes, olvidando voluntariamente su nombre como bien expresa, y si no que se lo pregunten a los de Álcazar de San Juan, donde además apareció una partida de nacimiento con el nombre de Miguel de Cervantes y Saavedra, así que, además de disputar con los complutenses la titularidad de la cuna del autor, también hacen lo propio con la del caballero, en lucha con el resto de argamasillas e infantes que se pongan por el camino. Ahí está el eterno y universal enigma cervantino. Al menos la intención del autor queda clara, no sólo en la primera línea, sino al final de la segunda parte del Quijote, en el capítulo 74 cuando dice: «cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de La Mancha contendiesen entre sí para ahijarle y tenerle por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero». Finalmente, prosiguiendo con el recorrido, continuamos por las Lagunas de Ruidera y por la mítica Cueva de Montesinos, donde Don Quijote vivió una de sus más famosas aventuras. Pero, antes de llegar a Argamasilla, pasamos por el no menos quijotesco municipio de Puerto Lápice, lugar de paso durante siglos, pues el camino que unía Castilla con Sevilla, la tan próspera ciudad tras el descubrimiento del nuevo mundo y lugar de embarque hacia el mismo, y con el resto de Andalucía tuvo a ese pueblo como lugar de tránsito y descanso de viajeros, caminantes, aventureros y gentes de todos los pelajes y condiciones, como bien dice nuestro guía en este artículo de hoy, el gran Azorín. Hoy en día toma el relevo del antiguo camino la Nacional IV o carretera de Andalucía, así que Puerto Lápice sigue observando impasible el transcurrir de las gentes, como lo hiciera en tiempos de nuestros dos héroes cervantinos, bueno más bien del propio manco de Lepanto, que fue quien los ideó. Ahí se puede decir que comienza nuestra auténtica ruta quijotesca de ese domingo de septiembre.















Plaza Mayor de Puerto Lápice

"La venta está situada a la salida del pueblo; casi las postreras casas tocan con ella. Mas yo estoy hablando como si realmente la tal venta existiese, y la tal venta, amigo lector, no existe. Hay, sí, un gran rellano en que crecen plantas silvestres. Cuando nosotros llegamos ya el sol llena con sus luces doradas la campiña. Yo examino el solar donde estaba la venta; todavía se conserva, a trechos, el menudo empedrado del patio; un hoyo angosto indica lo que perdura del pozo; otro hoyo más amplio marca la entrada de la cueva o bodega. Y permanecen en pie, en el fondo, agrietadas, cuarteadas, cuatro paredes rojizas, que forman un espacio cuadrilongo, sin techo, restos del antiguo pajar."

La tradición de los lugareños recogida por Azorín en su Ruta del Quijote, de donde todas estas citas, sitúan en Puerto Lápice la venta donde Don Alonso Quijano el Bueno fue nombrado caballero para pasar a ser Don Quijote de la Mancha, pues no hay caballero que se precie que no se agregue el nombre de su patria, como bien dijo el propio Don Alonso. El supuesto lugar de la metamorfosis de hidalgo a caballero no paramos a buscarlo, pero queda pendiente para otra ocasión, aunque sólo sea por seguir la huellas del propio Azorín y encontrar aquellas ruinas que el doctor don José Antonio, médico de la localidad por aquellos tiempos, mostró al fabuloso escritor levantino. Estos lugares merecen la reiteración de su visita en distintos momentos y en distintas circunstancias. La fugacidad, como se ha dicho, no es buena compañera de viaje y no son pocas las veces que uno, por ignorancia o por negación del hijo de Urano, se queda sin la correspondiente toma de contacto con lugares de muy digna condición. Puerto Lápice, como bien indica su nombre, es un suave paso por las últimas estribaciones de lo que serían los montes de Toledo que vienen a morir por el este en unos pequeños montes de piedra lapícea (o ‘según se mire’, dilema tan propio de estas descripciones orográficas, a nacer, siempre atendiendo al despertar del astro rey cada mañana). Hasta el siglo XVIII, en tiempos de Carlos III, que pasó a ser municipio, eran unas cuantas ventas las que formaban el poblamiento, sin naturaleza municipal por tanto. El antiguo camino para ir a Ruidera salía directo de Puerto Lápice a Argamasilla, éste es (atendiendo a la anterior creencia más extendida) el que tomó Don Quijote a la inversa, de Argamasilla a Puerto Lápice, en su primera salida y más tarde, siglos después el propio Azorín tras las huellas del hidalgo, pero nosotros continuamos hasta Villarta de San Juan donde tras cruzar erróneamente el pueblo -no hubiera hecho falta, aunque siempre son de agradecer estos errores, pues no se pierde la buena y vieja costumbre de adentrarse en los pueblos - tomamos rumbo a Argamasilla. En los treinta kilómetros entre uno y otro pueblo, la llanura divisable adquiere tintes épicos, la cupúla celeste lo rodea todo, nada interrumpe la línea de visión salvo lejanos montes azulados, estamos ante el más auténtico paisaje manchego, sin que se me enfanden otras comarcas de La Mancha, mis disculpas para ellas. Tras dejar a la izquierda Cinco Casas llegamos a este gran poblachón manchego cuyos oriundos no creen otra cosa que no sea el decir que El Caballero de la Triste Figura fue paisano de ellos. En Argamasilla están convencidos de que en un tal Rodrigo de Pacheco, hidalgo de la localidad allá por el siglo XVI, se inspiró Cervantes para recrear su personaje universal. En la iglesia de la localidad se encuentra una de las pruebas de la existencia de este hidalgo, que por lo visto no andaba muy bien de la mollera, aunque ya sabemos, y como se suele decir, eso es muy subjetivo. Esta prueba es un cuadro-exvoto, de la escuela de El Greco, en agradecimiento a la Virgen por haber recuperado el juicio, o un problema de cabeza -en palabras usadas para el caso- a través de su invocación, por lo visto. Además no sólo están convencidos de esto, sino que cuentan que en una casa, la casa de los Medrano, en concreto en una cueva o especie de bodega que hay en la misma, conocida como la Cueva de Medrano, estuvo preso Cervantes, dudoso honor que se atribuyen otros muchos lugares sí documentados como Castro de Río (Córdoba), donde se dio su primer encarcelamiento, o la propia Sevilla. No fue muy apreciado Cervantes en su tiempo, pero la fama que internacionalmente tomó bastante después a su existencia ha hecho que sus propios compatriotas siglos después hagan un uso más bien en beneficio propio que de la propia figura. Abajo os ponemos un enlace a un interesantísimo artículo que habla sobre todo esto y que alumbra muchas cuestiones malintencionadamente oscurecidas. Ahí (en la Cueva de Medrano) fue donde, Cervantes, inspirándose en el susodicho Rodrigo de Pacheco, comenzó a escribir El Quijote. Es una de las hipótesis que ya forman parte de la propia mitología de Argamasilla de Alba, pues al igual que ocurre con la filiación del caballero al municipio, la privación de libertad del autor en este lugar está aún por demostrar. En dicha casa en la actualidad se encuentra la oficina de turismo de la localidad y es centro cultural además. El pueblo me pareció bastante grande, de ahí mi anterior y cariñoso apelativo de poblachón, una calle principal y ancha lo cruza por completo y a su derecha y a su izquierda va dejando calles muy simétricas y bastante anchas también de orientación a la romana, norte-sur y este-oeste. Los cultivos de los campos de alrededor de Argamasilla son de regadío gracias a los canales construidos. El canal del Gran Prior destaca de los demás en importancia. Fue construido en el S. XVIII y comenzó a regular el cauce del alto Guadiana.

Argamasilla de Alba Argamasilla de Alba

Cueva de Medrano



Bajada a la Cueva de Medrano

Cueva de Medrano

"Ya hemos entrado en lo que los moradores de estos contornos llaman «la Vega»; esta vega es una angosta y honda cañada yerma, por cuyo centro corre encauzado el Guadiana. Son las diez y media; ante nosotros aparece, vetusto y formidable, el castillo de Peñarroya. Subimos hasta él. Se halla asentado en un eminente terraplén de la montaña; aún perduran de la fortaleza antigua un torreón cuadrado, sólido, fornido, indestructible, y las recias murallas -con sus barbacanas, con sus saeteras- que la cercaban. Y hay también un ancho salón, que ahora sirve de ermita."

Castillo de Peñarroya












Castillo de Peñarroya

Ante las palabras de nuestro guía, poco más se puede decir de este castillo, sólo que ya hemos entrado en lo que se conoce como Campo de Montiel y hemos dejado atrás el Campo de San Juan (aunque al castillo de Peñarroya se le atribuye origen sanjuanista, al menos está incluido en el término muncipal de la población fundada por los Alba, igual está mal el mapa que he consultado, habrá que seguir contrastando) al que aún pertenece Argamasilla y donde se encontraban las ruinas de la motilla de Santa María de Retamar justo a la salida. Éste es un poblamiento de la Edad del bronce donde se encontraron armas metálicas de bastante interés, pero poca más información tengo al respecto sobre el mismo, si alguien conociera más detalles de este yacimiento sería muy de agradecer que diera luz sobre el asunto, ya es sabido por algunos de la predilección que tenemos por aquí sobre estos asuntos de arqueología. Según he consultado, algunos objetos de este poblamiento de adquisición furtiva se exiben en un bar de Ruidera llamado El Paleolítico, gran lástima el haber tenido conocimiento de ello con posterioridad a la visita, más materia pendiente para una próxima.

Motilla de Retamar

Comentar que nos llamó la atención la gran cantidad de gente que había en los alrededores de este castillo de Peñarroya, de origen árabe, que queda a la derecha de la carretera camino de Ruidera y en el bosquecillo que había a la izquierda, donde había gente acampada, más bien levantando el campamento y mucha basura acumulada. Naturalmente nos dimos cuenta de inmediato de que alguna celebración se había llevado a cabo, luego ya investigando un poquito he visto que se acababa de celebrar la romería de la Virgen de Peñarroya, patrona de Argamasilla. Por lo visto, el último domingo de abril es llevada a hombros desde el castillo hasta Argamasilla y el segundo sábado de septiembre, día anterior a nuestro paso, es devuelta al castillo, seguramente a la ermita del mismo a la que Azorín hace referencia en su estupendo ensayo. Aprovechando la celebración religiosa el jolgorio debe ser considerable, porque la festividad visto lo visto duró hasta bien entrada la mañana del domingo y la acumulación de botellas y bolsas de basura era muy abundante. Como no sabíamos de que iba la historia nos dijimos a nosotros mismos "¡joder!, ¡mira que somos la gente macho!, ¡cómo lo dejamos todo!", ante tal acumulación de basura, seguramente como pataleta por haber llegado tarde a la juerga. Junto al castillo se encuentra la presa del embalse que toma el mismo nombre del castillo, el primer almacenamiento de aguas al que es sometido el Guadiana, sino contamos las Lagunas de Ruidera, que por supuesto, son naturales y brotan de manantiales subterráneos.
Un poco antes de este lugar, un cruce a la izquierda conduce al populoso municipio de Tomelloso, muy cerca de Argamasilla, esta mención es obligada para todo rock'n'rollero que se precie. Por allí tienen una sala metida de lleno en el circuito rock'n'rollero con bandas internacionales míticas sobre todo de garage rock que han pasado por ella y sonidos de los años 50's y 60's, la Tomelloso Beat Club, una referencia en el underground ibérico, aparte que son unos auténticos héroes, ahí han ganado un gran batalla a los chacales de la S.G.A.E, en este enlace teneis la noticia, ¡ole por ellos!:



http://www.requesound.com/noticia.asp?param=430

Y ya, finalmente, llegamos al inicio de esta historia, al lugar donde cerveza en mano supimos del viaje del señor Azorín, al mesón de Juan, a la que antes era aldea y ahora pueblo turístico de Ruidera, y nos dispusimos a disfrutar de la contemplación del gran oasis de la Mancha, las sobrinas de Ruidera y ella misma convertidas en lagunas por el encantamiento del más famoso de los magos de nombre Merlín y de lo que supo el más valioso caballero de boca del mismísimo Montesinos, en las profundidades de la misma tierra, allá en la Cueva de la que éste es su patrón. De vuelta un poco de las ensoñaciones, esas mismas que tuvo Don Alonso Quijano el Bueno en la propia cueva, hay que decir que el nombre que toman las lagunas, aparte de provenir en la otra realidad, en la del mito cervantino, de la tal buena señora liberada por el mago de la cueva, realmente proviene del propio ruido producido por las aguas en sus saltos de unas lagunas a otras, ¡vamos! lo que se dice ¡una auténtica ruidera!. En realidad son quince las lagunas que componen los acuíferos en este Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, de todas ellas la laguna del rey es la más próxima a la propia población de Ruidera, donde hay una especie de modesto paseo muy apetecible al estilo de los paseos marítimos de las localidades costeras, luego le sigue en dirección ascendente la Colgada (la laguna mas extensa de todas ellas), La Batana (¿en ella se inspiraría Cervantes para la aventura de los batanes?) la Santo Morcillo, la Salvadora y la Laguna Lengua, donde un servidor se dio un chapuzón tan agradable como el ya mencionado en la anterior entrada. Después ya viene una, seguramente la más pequeña, la Redondilla que estaba seca, pero es hasta la que hay que llegar para tomar la desviación a Ossa de Montiel y poco después de tomar esta carretera, a unos cuatro kilómetros se desvía una a la derecha y ahí sí que no se recorren ni doscientos metros y ya nos topamos a la derecha con el camino que te lleva a la universalmente conocida Cueva de Montesinos, ya en el término municipal de Ossa de Montiel y por tanto en la provincia de Albacete.


"Don Alonso Quijano el Bueno va a deslizarse por la honda sima. ¿Por qué no entrar donde él entrara? ¿Por qué no poner en estos tiempos, después que pasaron tres siglos, nuestros pies donde sus plantas firmes, audaces, se asentaron? Reparad en que ya el acceso a la cueva ha cambiado; antaño -cuando hablaba Cervantes-, crecían en la ancha entrada tupidas zarzas, cambroneras y cabrahígos; ahora, en la peña lisa, se enrosca una parra desnuda. Las paredes recias, altas, de la espaciosa bóveda son grises, bermejas, con manchones, con chorreaduras de líquenes verdes y de líquenes gualdos. Y a punta de navaja y en trazos desiguales, inciertos, los visitantes de la cueva, en diversos tiempos, han dejado esculpidos sus nombres para recuerdo eterno. «Miguel Yáñez, 1854», «Enrique Alcázar, 1861», podemos leer en una parte. «Domingo Carranza, 1870», «Mariano Merlo, 1883», vemos más lejos. Unos peñascales caídos del techo cierran el fondo; es preciso sortear por entre ellos para bajar a lo profundo."


Cueva de Montesinos

Cueva de Montesinos
Cueva de Montesinos


Había oído que era una simple y pequeña grieta en el suelo en mitad del campo, me hubiera dado igual, mi mente me hubiera llevado de igual forma a esa fantástica aventura vivida, mucho antes que en lectura de adulto, en los magníficos dibujos de Cruz Delgado que tanto cautivaron a muchos de los que nacimos en la primera mitad de los años setenta, pero la cueva estando seguramente muy lejos de las siete maravillas del mundo de los espeólogos, para un profano como yo fue toda una experiencia. El lugar ya de por sí sobrecoge, una especie de bosque de encinas con suaves desniveles configurando pequeños cerretes, un lugar muy solitario (aunque la cueva tiene un continuo trasiego de visitantes) y un suelo muy rojizo, muy arcilloso, después en una pequeña calvera por donde cruza el camino aparece esta boca de entrada a las entrañas de la madre tierra. La Cueva de Montesinos para alguien no acostrumbrado a la exploración de cuevas, y no por falta de atracción sobre el asunto, sino quizás por falta de oportunidad o dedicación a otros menesteres de recreo, no le puede resultar indiferente, no es sólo lo literario, sino lo peculiar de su aparición en una zona no eminentemente rocosa en las inmediaciones de la misma, además de no ser de "pared", en denominación vulgar de uno mismo, que es a lo que uno está acostumbrado de las no muchas que ha visto, es decir, a cuevas que se adentran en las laderas de los montes o grandes roquedales y se entra como quien entra por la puerta de una casa, con piso firme, aunque tenga bajadas y subidas. Ésta no. Ésta es como la entrada por la boca de un ancho pozo que parece conducirte al mismísimo averno, aunque realmente no es mucha su profundidad. Nosotros fuimos siguiendo a un guía que acompañaba con sus explicaciones a una pareja, los tres con linterna propia, guardando la distancia, pues ya se sabe que hay guías muy celosos de que gente ajena a un previo pago se unan a estos grupos, que no quiero decir que fuera el caso, pero por precaución prefirimos seguir su recorrido a la distancia, hasta que finalmente, aunque les veíamos por las linternas más abajo, la oscuridad se hizo total y era complicado por seguridad seguir bajando. Yo opté por sentarme un rato y oir al guía a la distancia cómo explicaba distintas figuras imaginadas de estas que a veces parecen verse en las rugosidades de las rocas, habló de una tal figura llamada Dulcinea, y rapidamente tranquilizó a la chica a una exclamación de ésta ante la contemplación de un grupo de murciélagos agrupados en el techo. El tema de los murciélagos en esta cueva es algo espectacular por lo visto, yo oí según bajaba algún chillido sobre mi cabeza, dicen que son centenares los que reposan en esta cueva, además de gran tamaño. Estuvimos leyendo un cartel explicativo justo donde se dejan los coches, y hablaban de un tal murciélago ratonero entre otras especies, lo cual indica, entre ese detalle y los dibujos representados, que son de considerable tamaño y no como los que se pueden contemplar por la ciudad. Así que grajos y cuervos, como los que provocaron que Don Quijote acabara por los suelos, no vimos, pero murciélagos, por lo menos por sus chillidos, sí que intuimos. Tanto fue lo que nos atrajo el asunto que nos gustaría grabarlos en video en algunas de sus salidas durante el crepúsculo vespertino, y también durante su recogida en la cueva, pues se cuenta que estos animales son apenas dos o tres horas las que se encuentran en plena actividad cazadora para rápidamente recogerse y reposar en cuevas y grietas, y eso cuando no están invernando por lo visto en el cartel ya mencionado. Cuando uno se encuentra en la oscuridad de una cueva parece como que el tiempo pasara más despacio o más deprisa, es complicado de explicar, crees haber estado mucho tiempo y luego igual has estado muy poco, o todo lo contrario. Don Quijote creyó haber estado "tres días con sus noches" cuando apenas fue una hora la que estuvo; la verdad, que sin llegar a ese grado de exageración, pues sólo a alguien tan especial como a Don Quijote y por ende a su creador le puede ser tan productiva una hora dentro de una cueva como ésta, sí que es una sensación muy atrayente la que se experimenta internándote en una cueva natural como la propia Montesinos, el homo cavernario que llevamos dentro se regocija con estas cosas.

De vuelta por otro camino hacia